domingo, marzo 26, 2006

No sirvo para político.

De amargas verdades nace la honestidad para con uno mismo.

Cuanto más pienso sobre mi visión de las cosas, más me doy cuenta de que no sirvo para político. Me cuesta aceptarlo, pero así es, al menos hasta que mi capacidad de soportar la imbecilidad ajena se curta adecuadamente, o bien la Era de la Vulgaridad termine.

El caso es que, como he dicho, no sirvo para político en estos tiempos. Sobre todo, porque no podría ocultar por mucho tiempo mi desprecio por la estupidez humana. No podría fingir respeto por quienes reivindican el "macrobotellón". Tampoco podría mostrar aprecio por los zombis que vegetan ante la televisión viendo "joyas" a lo Gran Petardo, El diario de Matilda, El programa de Mama Rosa, y tantos, tantos otros...

Con respecto a lo del mencionado "macrobotellón", diré también que me recuerda un poco a los desfiles de modelos obesas. Esos eventos se cubren con la máscara de la filantropía y el respeto a "lo diferente", parecen "nadar contracorriente" porque se enfrentan, supuestamente, a los cánones de belleza actuales. Esto ya es falso de entrada, porque los cánones de belleza actuales no tienen nada que ver con los desfiles de modelos anoréxicas, que son los mayoritarios. Por el contrario, hay que buscar los dichosos cánones en los espectáculos eróticos o pornográficos. Como muestra, un botón: si los cánones actuales dicen que la mujer bella es la anoréxica-esquelética, ¿por qué las chicas que se dedican al erotismo y/o la pornografía se aumentan el pecho?

Tenemos, pues, que en los desfiles de modelos obesas sólo se halla la contraposición de los desfiles de modelos anoréxicas, formando los dos extremos del mismo segmento: el elogio de una enfermedad (anorexia u obesidad), o sea, una de las infinitas manifestaciones de la estupidez humana.

¿Por qué decía yo que el "macrobotellón" me recuerda un poco a los desfiles de modelos obesas? Lo decía porque, en definitiva, se trata de un elogio de actitudes compulsivas: el alcoholismo y la glotonería, respectivamente.

Pero ciñéndonos al concepto del "botellón", estamos ante un aspecto típico de la pseudocultura juvenil de hoy (la no cultura). No estamos ante una contracultura como la punk, que posee una idiosincrasia completa (decadente, autodestructiva y socialmente perniciosa, sí, pero que goza de cierto romanticismo). No. El concepto del "botellón" nace y muere en él mismo. No hay nada más allá, ni más acá. La pseudofilosofía del "botellón" consiste en juntarse en la calle, emborracharse y llenarlo todo de basura. Punto.

Y el "macrobotellón" es la glorificación de una no cultura. Mientras que otros movimientos juveniles reivindican tal o cual derecho, y entretanto se emborrachan, el pseudomovimiento botellonista sólo reivindica el "derecho" a emborracharse y convertir las plazas en vertederos.
El lema botellonista, coreado masivamente, era el siguiente: "España entera está de borrachera".

¡Qué futuro tan prometedor nos ofrecen!