El aprendizaje del cachorro.
Cual cachorro de tigre me he dejado seducir por la soberbia.
Sin embargo, es maravilloso comprender y ver la continua transformación de la que es capaz el alma.
Constantemente detecto en mí mecanismos de pensamiento y emoción asombrosamente similares a los del hombre vulgar. La visión de todo esto es ya un logro colosal, pues sabemos que el hombre vulgar jamás se atrevería a mirarse a sí mismo, y mucho menos a reconocer sus errores, y muchísimo menos aún, sus debilidades.
Ahora puedo vanagloriarme de mis debilidades, porque las veo. Ahora están en mi punto de mira. Ahora empiezan a caer, una a una. ¡Qué placer es la purga de la propia alma!
Sigo en el camino de un conocimiento profundo y verdadero.
¡Salve, hombres nobles! ¡El futuro es nuestro! ¡El imperio de la vulgaridad ha alcanzado su cúspide, y ya sólo puede decaer!


